Revista Puerta de Embarque

Cinco pueblos con encanto

By on noviembre 29, 2017

Viajar por el interior de España es una aventura. Es maravillarse con paisajes impresionantes, con pueblos y pueblecitos donde el tiempo parece transcurrir a otro ritmo, y
donde te dan de comer tan estupendamente bien que te conquistan para siempre.

GRANADILLA
El pueblo fantasma de Extremadura
Sin duda, Granadilla, situado a orillas del embalse Gabriel y Galán, es uno de los pueblos extremeños con más encanto… solitario encanto. Abandonado por los lugareños allá
por el siglo XX, este pueblecito -amurallado por ser paso obligado de la Vía de la Plata-, ha sido declarado Conjunto Histórico-Artístico e incluido en el Programa de
Recuperación de Pueblos Abandonados. Durante la construcción del embalse, fue desalojado por miedo a quedar sepultado por el agua. En Zarza de Granadilla, se pueden
degustar platos típicos como las “patatas escabechadas” o el “zarangollo”. Granadilla del Duque es una casona rural típica extremeña para alojarse.

TARAMUNDI
Un viaje en el tiempo
En medio de las montañas y los valles más verdes asturianos, encontramos un pueblo mágico que nos hace viajar muchos siglos atrás para aprender cómo era, desde la edad
del Bronce, la vida rural.
Como si el tiempo se hubiera detenido, Taramundi es un enclave donde el agua, los antiguos molinos y sus tejados de pizarra te atrapan sin tregua. En el centro del pueblo
encontramos uno de los castros más importante del norte de España. Otra de las curiosidades del pueblo es su Museo de la Cuchillería Tradicional, famoso por sus navajas. Lo
que no hay que perderse en Taramundi es el Conjunto Etnográfico Os Teixois, una muestra única de los ingenios hidraúlicos y de la historia de la humanidad.
Pero, sobre todo, Taramundi es un lugar para perderse entre sus cascadas, como la de Salgueira, sus bosques o las aldeas de cuento que colindan con ella. Un lugar mágico para
encontrarse con una Xana o un Trasgu, personajes de la mitología asturiana, a la vuelta de cada esquina.
Para dormir: La Rectoral. Para comer: Sidrería Solleiro.

 

TEROR
La Villa Mariana de Gran Canaria
El municipio de Teror, al norte de Gran Canaria, es una de las villas con más encanto de la isla que, cada año, acoge miles de peregrinos que acuden a visitar a la Patrona: la
Virgen del Pino. Desde La Plaza, centro neurálgico de la villa y lugar de paso en el casco histórico, se aprecian los balcones típicos canarios en las casas coloridas que adornan
el pueblo.
Asimismo, el chorizo de Teror y el mercadillo artesanal son dos de los atractivos que pueden disfrutarse, junto a una comida en El Encuentro y una estancia en La Casa de
Piedra.

 

RONDA
La de los bandoleros
Muchas veces se le dice la “ciudad soñada” y realmente Ronda es un sueño hecho realidad. Se impone pasear por su antigua medina árabe, en la orilla sur del río Guadalevín, y
alcanzar el Puente Nuevo para quedarnos -literalmente- con la boca abierta frente al espectacular desfiladero. Sin duda, uno de los pueblos blancos que más impresionan a
los turistas en su periplo por Andalucía. Ya no lo frecuentan bandoleros, pero su encanto al abrigo de la sierra permanece intacto.
Para dormir: Hotel El Poeta de Ronda, una casona restaurada del siglo XIX, genuinamente andaluza y en pleno casco histórico.
Para comer: Restaurante Casa Pedro Romero, donde saborear la buena cocina rondeña o, simplemente, unas exquisitas aceitunas aliñadas.

 

RIAZA
Los pueblos del color
A una hora escasa de Madrid nos encontramos con la Villa de Riaza, enclavada en un entorno único, al abrigo de la sierra de Ayllón y entre parajes de incalculable belleza. En este entorno encontramos la Ruta del Color, que aporta un importante valor añadido al municipio segoviano.
Esta ruta la componen unos pequeños pueblos que tienen gran encanto, pedanías de Riaza que se caracterizan por los rojos, amarillos y negros.
Alquité y Martín Muñoz de Ayllón son los pueblos amarillos, Villacorta y Madriguera destacan por el rojo de sus calles y construcciones, y Becerril, El Muyo, El Negredo y
Serracín llaman la atención por el negro de la pizarra utilizada en sus edificaciones.
Una ruta cien por cien recomendable, un viaje lleno de contrastes por la falda de la sierra de Ayllón.
Imprescindible, un “botellín” bien fresquito en La Tasca en Villacorta.

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