Revista Puerta de Embarque

En aguas de Extremadura

By on abril 3, 2018

A menudo se ha dicho que Extremadura es la gran desconocida. Pero si algo se desconoce de ella es, sobre todo, la riqueza que atesora de ese recurso vital que es el agua.


Espacios naturales como el Gran Lago Alqueva, el Parque Natural Tajo Internacional o el de Monfrague borran de nuestra mente, de un plumazo, la imagen de una Extremadura árida. Por el contrario, ésta es una tierra bendecida por el agua, incluyendo las bondades de las aguas termales, en algunos enclaves aprovechadas desde la época romana. Actualmente, Extremadura cuenta con siete balnearios en funcionamiento y el turismo termal se ha convertido en un recurso turístico de primer orden para muchos municipios. Cada año miles de turistas acuden a los balnearios extremeños para cuidar su salud y desconectar en un entorno tranquilo, rodeados de la naturaleza.


Al norte de la provincia de Cáceres, en el valle del Ambroz y en plena Vía de la Plata, encontramos el Balneario de Baños de Montemayor, cuyos orígenes se remontan al siglo II a.C., cuando los romanos descubrieron las extraordinarias propiedades de las aguas de la zona. Las bañeras de mármol, las termas y los vestigios históricos preservan la singularidad del establecimiento. Sus aguas sulfurosas brotan a una temperatura de 43ºC y están indicadas para tratar procesos reumatológicos, artrosis, artritis, afecciones respiratorias, etc., además de ser tonificantes y embellecedoras de la piel.


Apenas a 18 km de Emérita Augusta se fundó en el s.III a.C. el Balneario de Alange, que honra a la diosa Juno. De la construcción original romana quedan dos termas circulares techadas con una cúpula, que conviven con restos árabes y cristaleras de factura decimonona. Catalogado como Patrimonio de la Humanidad, Alange ofrece terapias tradicionales y avanzados tratamientos hidrotermales para mejorar problemas del sistema nervioso y del aparato locomotor.
Enclavado en un entorno natural de robles, encinas y alcornoques, el Balneario de Brozas o Baños de San Gregorio comparte con los anteriores su origen romano, si bien es un establecimiento moderno que emplea las últimas técnicas en tratamientos termales.


A caballo entre Cáceres y Badajoz, localizado en el término municipal de Montánchez, “cuna” del jamón ibérico, el Balneario de Fuentes del Trampal se ubica en el corazón de la dehesa extremeña, en mitad de parajes de gran belleza natural y hábitat de aves rapaces. Las propiedades beneficiosas de sus aguas son conocidas desde tiempos remotos, si bien las referencias certificadas datan del s.XIX, la época de esplendor de los grandes balnearios. Por su composición ferruginosa, son efectivas en el tratamiento de la anemia, entre otras dolencias.
En el municipio de Puebla de Sancho Pérez, cerca de Zafra, está el Balneario del Raposo. Su especialidad son los lodos naturales, ricos en silicio, magnesio y calcio, procedentes de un arroyo cercano. Las aguas del balneario están indicadas en numerosas afecciones de tipo circulatorio, vascular, respiratorio, dermatológico…


El agua mineromedicinal del Balneario Valle del Jerte brota de un manantial ubicado en el paraje Vega del Salobral. Cuando llega la primavera, el espectáculo de los cerezos en flor es ilustrativo de la belleza de esta zona de Extremadura que el emperador Carlos V escogió para pasar sus últimos días.
Sin abandonar el Jerte, en el municipio de Hervás, donde se conserva una de las mayores juderías de España, nos topamos con el Balneario de El Salugral y sus modernas instalaciones. Fundado en 1888 en un entorno privilegiado, sus aguas fueron declaradas de utilidad pública al año siguiente.

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