Revista Puerta de Embarque

Gran Canaria, el viaje que no imaginas

By on junio 7, 2018

Esta isla atlántica nos propone un viaje a la naturaleza inesperada, que invita a perderse entre la atmósfera mágica de los bosques de laurisilva recubiertos de musgo y las doradas dunas junto al mar. Historia, cultura y una riquísima gastronomía aguardan a los viajeros dispuestos a descubrir tesoros que no habían imaginado.

Las islas poseen un aura especial, una atmósfera calma que casi se puede respirar. La vida se desarrolla a otro ritmo más pausado y por esa misma razón escaparse unos días a una isla es sinónimo de regalarnos una bocanada  de aire fresco. Gran Canaria encaja perfectamente con este esbozo. Isla bella, bañada por el Atlántico y acariciada por una brisa que huele a sal.

Dunas de Maspalomas.

Con más de 230 kilómetros de costa, en la isla abundan las excelentes playas frecuentadas por los turistas y los aficionados a los deportes náuticos. Pero los viajeros que huyen de las aglomeraciones turísticas también encuentran en Gran Canaria un destino único en el mundo, con espacios geológicos singulares como Roque Nublo. Cuando visitó el lugar, el propio Miguel de Unamuno quedó conmocionado ante la visión de esta formación volcánica de 1.813 metros de altura. El escritor la definió como una “tempestad petrificada”.

La zona cuenta con una flora y una fauna propias, destacando los antiguos y esbeltos pinos canarios y, habitando en ese ecosistema, dos especies endémicas, el pinzón azul y el lagarto gigante de Gran Canaria. Ya con los pulmones llenos del aire puro de Roque Nublo seguimos explorando la isla. Conviene estar con los sentidos alerta para no perderse nada de este territorio que es naturaleza en estado puro: más del 40% de Gran Canaria es Reserva de la Biosfera.

Playa de Agaete.

Rumbo al sur, aproximándonos al parque de las dunas de Maspalomas –otro ecosistema de características únicas-, el paisaje se va transformando para dar paso a  almendros y frutales que salpican pronunciados barrancos originados por la erosión. Aquí y allá, aparecen los  pueblecitos, el tesoro escondido de Gran Canaria. Haremos bien en hacer un alto en la ruta para conocerlos, disfrutar de su calma y, muy especialmente, de su exquisita gastronomía local.

Papas arrugás, pescado fresco y frutas exóticas

El hermanamiento cultural con América supuso la entrada de productos que con el tiempo han adquirido un papel fundamental en la cocina canaria. La batata fue uno de los tubérculos que se integraron rápidamente después de la conquista. No obstante es su “hermana”, la patata, la base de la especialidad más conocida de la gastronomía isleña, las papas arrugadas, que se sirven con una salsa ligeramente picante, el mojo picón.

El tomate de Gran Canaria disfruta también de extraordinaria popularidad, siendo uno de los productos más exportados. La huerta isleña produce asimismo verduras como los berros, las acelgas y los jaramagos, que son la base de potajes exquisitos. Mención aparte merecen las frutas: el aguacate, el mango, la papaya o los guayabos, cuyo sabor es resultado del clima subtropical. Al igual que el plátano, la fruta canaria por excelencia, de característico dulzor y reconocible por sus pequeñas motas marrones.

Papas arrugás con mojo picón.

En los pueblos costeros como Agaete o Puerto de Mogán es también imperativo degustar el pescado, de frescura inigualable. No obstante, cada uno de los 21 municipios que componen la isla contribuye al enriquecimiento de la gastronomía con sus propios productos, del chorizo de Teror al Queso de Flor de Guía, pasando por el café de Agaete -el único que se cultiva en un país europeo- y concluyendo con el mazapán de Tejeda.

Las Palmas de Gran Canaria, capital atlántica

No puede faltar en nuestro periplo por esta isla su capital, Las Palmas de Gran Canaria, ciudad luminosa y vital. El barrio de Vegueta, con más de quinientos años de historia, narra  la historia sin necesidad de palabras. La arquitectura neocolonial queda representada por la Catedral y la Casa de Colón, que dejan constancia de la personalidad atlántica de La Palmas de Gran Canaria, cruce de caminos y de culturas, de fortunas y de naufragios. Caminando sobre el empedrado de sus calles podemos imaginar a Cristóbal Colón recitando sus oraciones antes de zarpar camino de un descubrimiento que cambiaría el mundo.

Casa de Colón.

Las Palmas de Gran Canaria es también una ciudad moderna y abierta a las influencias. Poca gente sabe que aquí se abrió el primer restaurante japonés de toda España, hace más de medios siglo, ¡y todavía está abierto! La actividad del Auditorio Alfredo Kraus es otro síntoma claro de la vitalidad de la isla y es frecuente ver a gente haciendo cola para disfrutar de los espectáculos que ofrece.

La oferta de ocio es muy variada, a la altura del centro turístico que es la isla en su conjunto. Restaurantes, bares, terrazas, discotecas, centros de spa o wellness, beach clubs,… El ambiente está asegurado.


Un destino familiar. Gran Canaria es perfecta para gozar del tiempo libre en compañía de los seres queridos. En pareja o al calor de los más pequeños de la casa, merece la pena invertir parte de la estancia en conocer las atracciones que convierten el viaje en una experiencia inolvidable.

Mar y montaña. Por su envidiable clima Gran Canaria ofrece un entorno natural idóneo para la práctica de deportes al aire libre. Los amantes de la montaña tienen a su disposición una red de senderos que recorre toda la geografía de la isla, también transitables en bicicleta. Los que prefieran el mar pueden elegir entre un variado surtido de actividades: surf, windsurf, kitesurf, submarinismo, pesca deportiva…

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