Revista Puerta de Embarque

Jóvenes bódegas que triunfan

By on octubre 2, 2018

El mundo del vino siempre se ha caracterizado por su sesgo tradicional. Pero, en las últimas décadas hemos asistido a una auténtica revolución que ha transformado la
manera de elaborar y presentar este producto.

Nuevas generaciones de bodegueros han apostado por recuperar variedades autóctonas, por elaborar vinos con personalidad que se desmarcan de la generalidad, que transmiten con fidelidad el carácter de su terruño, vinos ecológicos y hasta biodinámicos, o que prefieren salirse de los márgenes de las denominaciones de origen.
Por el lado de los consumidores también asistimos a cambios relevantes. El público joven, ávido de novedades, se decanta por vinos más sencillos de beber, apetecibles en cualquier ocasión y los caldos cargados de madera han dejado paso a un abanico de matices, increíblemente variado en cuanto a gustos. El futuro se perfila prometedor, en especial, cuando surgen proyectos innovadores, como lo es La del Terreno, la bodega modular que la murciana Julia Casado está sacando adelante en la DO Bullas.

 


Esta joven, que se define a sí misma como “vinatera artesana”, apuesta por la uva tradicional de la zona, la Monastrell. “Elaboro sin aditivos, las fermentaciones son espontáneas y embotellamos sin filtrar. Creo que esto se acerca bastante a las elaboraciones más típicas y tradicionales, alejadas de la tecnificación y de la enología moderna”, comenta. Julia estudió Ingeniería Agrícola y descubrió que lo suyo era la enología haciendo unas prácticas en unas bodegas de Alemania. Allí comenzó todo. “Aprendí que la elaboración tiene que estar en consonancia con el cultivo y el tipo de uvas de cada zona. No creo en las recetas, lo que funciona en una zona puede no hacerlo en absoluto en otra”, asegura esta innovadora decidida a poner su granito de arena para que “Bullas tenga el lugar que se merece en el mapa vinícola”.
Al otro lado de Andalucía, en Cádiz, encontramos una bodega singular, Tesalia, fundada en 2008 por una familia británica, los Golding. De sí mismos dicen que son “unos locos enamorados del sur de España, que buscaron y encontraron en Arcos de la Frontera un lugar idílico donde descansar”. Rodeados de profesionales de primera línea se lanzaron a la empresa de elaborar un ‘gran cru’ andaluz, es decir, un vino excepcional a la altura del reconocimiento obtenido históricamente por los mejores vinos de Burdeos.


Otro inteligente “advenedizo” es el bordelés François Lurton, quien descubrió en los años 90 una región vinícola que le conquistó, Toro. Pasaron algunos años y de la mano de los enólogos Michel y Dany Rolland comenzó a producir un vino de calidad bautizado como Campo Eliseo. Educado en el conocimiento de la Sauvignon Blanc, tropezó después con otro gran descubrimiento, Rueda. “Antes de venir no conocía esta zona de España y tampoco al Verdejo -asegura Lurton-. La revelación fue este terruño de suelos pobres, con una climatología árida, unos pagos de viñedos viejos y, arriba de todo, el Verdejo; esta variedad blanca fenólica que se revela realmente cuando fermenta en barricas de roble y con una amplia crianza en las mismas barricas”.

La bodega en Rueda arrancó apenas en 2013, en La Seca, con la maravillosa aspiración de enfocarse en la producción de “vinos elegantes, equilibrados y con una gran capacidad de envejecimiento”. En su vocación por innovar, Lurton ha apostado por los vinos biodinámicos. Apoyándose en las prácticas desarrolladas a finales del s. XIX por Rudolf Steiner, la aplicación de la biodinámica a la producción vinícola supone considerar como un ecosistema global la bodega, la planta, el terruño, el suelo… buscando un equilibrio con la naturaleza. “Seguimos el calendario lunar en cada etapa de la vida de la bodega. En el caso del viñedo supone dinamizarlo y protegerlo con preparaciones a base de hierbas. El objetivo es tener un viñedo protegido naturalmente, que produzca uva de gran concentración aromática y sin enfermedades”, explica el bodeguero.


En Santa Cruz de Retamar, provincia de Toledo, otra joven bodega, Cartema, da muestras del esfuerzo de los nuevos bodegueros por renovar la viticultura apostando por vinos de autor, bien medidos, en los que la calidad prima sobre cualquier otra consideración. Su Garnacha Centenaria 2016, elaborado con uvas de cepas centenarias, ensalza esta variedad autóctona que se ha puesto de moda superando años de desconocimiento, y su Blanco Cosecha 2015 demuestra que la madera y la uva blanca se entienden maravillosamente. Carmelo Hernández y su enólogo, Daniel Orusco, han apostado por vinos con carga frutal y están dando en el clavo.

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