Revista Puerta de Embarque

La ruta del queso de Extremadura

By on agosto 7, 2018

Está de moda la cocina de proximidad, con productos autóctonos. Pero para conocerlos lo mejor es verlos, tocarlos, olerlos y saborearlos en el mismo lugar donde nacen. La Ruta del Queso de Extremadura nos conduce al mismísimo kilómetro cero del producto.

Para adaptarse a las nuevas tendencias gastronómicas lo primero es tener una buena materia prima; y los productos extremeños, además de gozar de excelente calidad, tienen la peculiaridad de ser exclusivos, un don que les confiere una indiscutible personalidad; productos reconocidos por 12 Denominaciones de Origen e Indicaciones Geográficas Protegidas, de entre las cuales el queso, indiscutiblemente, goza de reconocido prestigio. Las exquisitas ‘tortas de pan’… como los queseros de Casar de Cáceres llamaron a La Torta del Casar; el queso de las merinas de Badajoz, es decir, el Queso de La Serena; y el Queso Ibores, elaborado con leche de cabra cacereña.


Dicen los políticos que: “El queso será el encargado de posicionar el turismo gastronómico de Extremadura en los mercados nacionales e internacionales”… Pero, lejos de los buenos deseos y de palabras institucionales que sitúan al queso como un “gran potencial turístico”, los que en realidad tenemos que posicionarnos, es decir: tomar posición in situ, somos los viajeros ¡los turistas!… o como quieran llamarse, porque ahora ya tenemos un producto turístico llamado La Ruta del Queso de Extremadura (www.rutadelqueso.es), en el que podemos ir guiados por itinerarios extremeños donde estos tres quesos se elaboran. En este viaje al corazón de la tierra extremeña ¡y a su sabor! podemos participar como si en un safari fotográfico se tratara. Y es que aunque la palabra safari nos remita a las sabanas africanas, los espacios naturales extremeños con sus escarpadas sierras, valles, cuevas, bosques… zonas arbóreas singulares, y verdes campiñas de pastoreo donde ovejas y cabras pacen a su libre albedrío desde tiempos medievales bajo la atenta mirada del águila real, constituirán -a buen seguro- una experiencia muy enriquecedora.


Más de medio centenar de empresas de todo el territorio extremeño -queseros, empresarios, restauradores…- están adheridas a estas rutas turísticas que constituyen una experiencia cultural en la que además de instruirnos en la elaboración de los quesos, nos permiten descubrir rincones singulares de la geografía de esta comunidad, porque recorrer la ruta del queso es descubrir Extremadura.
Desde la Sierra de San Pedro hasta la Sierra de Montánchez, entre berrocales y llanos, discurren los dominios de La Torta del Casar. Senderos, cordeles y cañadas nos hablan del devenir de la tierra de la trashumancia y de sus más ilustres habitantes, los pastores y sus rebaños. Lavaderos de lanas, molinos, castillos y encinas centenarias jalonan estos caminos; y al final de la dura jornada, la promesa de un merecido descanso en la ancestral ciudad de Cáceres, Patrimonio de la Humanidad, donde historia y gastronomía se dan la mano.


En la ruta del Queso de La Serena nos adentramos en los orígenes de la presencia romana en nuestro país. La comarca nos habla de conjuntos romanos de la Antigüedad en España, en Zalamea, o del fantástico yacimiento de Hijovejo en Quintana de la Serena.
La inmensidad de sus estepas, donde el silencio cobra sentido en toda su expresión, acoge hoy un enclave natural único y uno de los ecosistemas faunísticos más importantes de Europa.
Y para entender la ruta del Queso de Ibores solo tenemos que entrever el colosal paisaje en que se crían sus rebaños de cabras. Su escarpada orografía esconde un paisaje sobrecogedor en el que la perfecta simbiosis entre los usos y costumbres de sus primeros pobladores y sus caprichosas formas nos regala una experiencia única e intensa. Un paisaje que desde las profundidades de sus grutas hasta los castillos de sus más altas cimas esconde decenas de lugares que le han valido el reconocimiento de la Unesco.


Cuenta la leyenda que un pastor después de ordeñar sus ovejas y beber leche de un cuenco se recostó a la sombra de un árbol y allí se durmió. No sabemos qué sueños le acompañaron en su descanso, pero cuando despertó, al coger su cuenco descubrió que algunas flores habían caído en su interior, y que donde unas horas antes había reposado la leche, se había formado ahora una pasta. La flor del cardo silvestre había transformado la leche en suculenta crema… en queso.
A veces las leyendas se tornan realidad y en un viaje por la Ruta del Queso de Extremadura, comprobaremos que “probar leyendas” (en la mesa) se convierte en un placer exclusivo.
Saboree in situ las mejores imágenes panorámicas de los espacios naturales. Coja su cámara y capture momentos especiales de sus animales autóctonos. Súbase a un 4×4, y… vaya “de safari” por Extremadura.

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